Losada en Jerez (I): La deuda cultural

Hay artistas que dejan una huella en la historia de las ciudades y José María Rodríguez de Losada (Sevilla, 1826 – Jerez de la Frontera, 1896), pintor historicista del siglo XIX, es uno de ellos.
Este año se cumplen 200 años de su nacimiento, y en Jerez bien habría merecido un homenaje para reivindicar su figura.
Losada encarna con bastante claridad la figura del artista que entiende la pintura como un oficio exigente. Un profesional que supo traducir los grandes relatos del pasado histórico español a un lenguaje visual acorde a las demandas de su tiempo, donde la alta sociedad e instituciones buscaban representación y prestigio.
Entre 1878 y 1896, Losada desarrolla en Jerez su última etapa, afianzando su estilo en un contexto de auge industrial vinculado al comercio de la vid y la expansión de la burguesía bodeguera. En ese marco, atraído por los encargos de ese nuevo poder económico, se establece en la ciudad, donde asume la dirección de la Academia de Bellas Artes de Santo Domingo y la gestión de su extinto museo, convirtiéndose en una figura clave del panorama cultural jerezano de finales del XIX.
Tal vez una exposición monográfica, aunque fuera con pocas obras, habría servido para conmemorar a este pintor sevillano, considerado uno de los más relevantes de la pintura de historia española. Pero, una vez más, la pintura —uno de los motores culturales y turísticos más potentes— queda relegada a un segundo plano, como si no terminara de encajar en las prioridades de la ciudad.


