Caballos de colores, triste memoria

por | 18 May, 2026 | Opinión

En Jerez tenemos una gran habilidad para dos cosas: celebrar el caballo como símbolo universal de nuestra identidad… y luego dejarlo a su suerte en una rotonda, expuesto al sol, al levante y a la más completa indiferencia.

Me refiero, claro, a la Rotonda de los caballos de colores, ese pequeño universo ecuestre que nació en torno a los Juegos Ecuestres Mundiales de 2002 y que hoy parece más bien una metáfora del paso del tiempo. Porque sí, aquello fue gloria, foco internacional, inauguraciones, discursos y orgullo local.

Pero han pasado los años, y lo que fue un gesto de alegría cromática hoy es un catálogo bastante expresivo de desgaste: colores apagados, superficies castigadas, elementos rotos… ¿Eran una ocurrencia decorativa para llenar una glorieta o un símbolo para la ciudad?

Entiendo que el caballo, en Jerez, no es un adorno: es una declaración de principios, una forma de entender la ciudad, su historia y hasta su autoestima. Y sin embargo ahí están, convertidos en una especie de fauna urbana desvaída.

Quizá algún día alguien decida que no es tan difícil devolverles la vida. No hace falta una epopeya ecuestre, ni otro evento mundial, bastaría con algo más simple: mantenimiento.

Mientras tanto, seguirán ahí, girando con el tráfico, saludando a los coches como quien saluda desde un tiempo que ya no es el suyo, recordándonos —por si se nos había olvidado— que en Jerez los símbolos no se caen: se desgastan lentamente a la intemperie, una forma muy nuestra de dejarlos existir.

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