Arte para niños

Y ahora, desde que viajo con un niño de dos años, veo como se parte de risa al verlo. Cada día le pregunto si me va a avisar cuando vea “las manitas que sostienen un corazón rojo” y, al aparecer, grita “¡eta aiii aiii!” mientras se ríe a carcajadas. Me hace gracias, y de hecho, he llegado a plantearme si podría ser que esta escultura tuviera un efecto positivo en las personas a las puertas del Hospital … pero no: sigue siendo un monumento mediocre, un intento fallido de iconografía que solo gana sentido en su literalidad ridícula.
Lo irónico es que el arte contemporáneo no necesita ser bello para llamar la atención… incluso a un niño. Pero eso no lo exime de la crítica que se merece: un buen monumento no se mide en risas infantiles, sino en inteligencia visual, en fuerza simbólica. Y esta cosa, por muy divertida que sea para una mentalidad de dos años, sigue pareciendo salida de una ferretería y diseñada en quince minutos.
Que un niño lo celebre no convierte lo feo en arte. Lo convierte en juguete urbano. Y eso, pienso que no es suficiente para un monumento que pretende honrar la solidaridad en Jerez. Pero bueno, al menos me sigo divirtiendo con él.


